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El desarrollo sostenible
es un concepto dinámico que requiere un conjunto de procesos de cambio
en las relaciones entre los sistemas y procesos sociales, económicos y
naturales propiciadores de una confluencia equilibradamente integrada
entre el crecimiento económico, el progreso social, y el respeto por la
diversidad biológica, y la diversidad cultural. En los comienzos del
siglo XXI comenzó a surgir un amplio acuerdo en considerar que el
desarrollo de una sociedad puede ser sostenible cuando pueda conservar
los sistemas que hacen posible la vida y la biodiversidad, cuando pueda
asegurar que el uso de los recursos renovables es menor que la capacidad
del ambiente para renovarlos, cuando pueda minimizar la destrucción de
los recursos no renovables y disponga de tecnología para sustituirlos;
cuando pueda mantener la capacidad de transporte de los ecosistemas, y
cuando pueda propiciar un equilibrio económico capaz de asegurar la
justicia social.
La sostenibilidad implica
pues la búsqueda de una convergencia entre el crecimiento económico, la
protección ambiental y el desarrollo social. Pero hace falta una
voluntad política, una concienciación ciudadana y un compromiso social
para iniciar una transición hacia formas más sostenibles del desarrollo.
La educación para el
desarrollo sostenible en la Argentina está poco más que en pañales, pese
a los esfuerzos y los planes oficiales que se están tratando de
implementar debido a: La falta de conexión entre las medidas
individuales que se implementan y la problemática social, el carácter
temporal de las acciones propuestas (no conducen a la formación de
hábitos), no se permite desarrollar la creatividad de los sujetos, ya
que no hay continuidad entre el contenido que se transmite y las
concepciones y representaciones de los sujetos y para finalizar, la
falta de la información sobre los problemas locales en conjunción con la
problemática nacional. La asistencia oficial es escasa o prácticamente
nula. Esto se debe, principalmente, a la precaria importancia que
frecuentemente se da a la educación, tanto desde el estado como otros
sectores de la sociedad, se traduce como una contracción del sistema
educativo público, como efecto de un presupuesto bajo y la ausencia de
un debate acerca de la calidad y beneficios de la educación impartida.
Hoy por hoy, mucho de los
que se llama educación ambiental no tiene nada de educación ni de
ambiental. Simplemente se la puede considerar propaganda verde, debido a
la banalización de los conceptos ambientales en muchos ámbitos
educativos.
Para encontrar una vida en
armonía con el ambiente, lo primero que debe realizarse es obtener una
población consciente de su pertenencia al todo que lo rodea. Se debe
educar a las personas desde la infancia para que aprendan el cuidado
necesario para no malgastar los recursos del planeta, para no ensuciar
su entorno y para convivir con su vecino.
Cristian Frers
–Técnico Superior en Gestión Ambiental y Técnico Superior en
Comunicación Social- E-mail:
cristianfrers@hotmail.com |